5.23.2019
Five years later: nothing but broken promises

Imagine that today the United States suddenly decided children born in the country to foreign parents were not automatically granted U.S. citizenship. If this decision were to happen, approximately one in ten children born in the US could be born without a nationality.

Now imagine if that decision applied retroactively and affected children born since 1929.

In 2013, the highest court in the Dominican Republic stripped hundreds of thousands of people born in the Dominican Republic of their Dominican citizenship. The decision, Judgment 168-13, stretched back almost a century, leaving generations of people, the vast majority of them Dominicans of Haitian descent, stateless or at risk of statelessness. The decision was the culmination of a series of xenophobic and discriminatory laws, judgments, policies, and practices aimed at curbing Haitian migration across the border.  

After Judgment 168-13, Dominican identity documents were invalidated or became unacceptable overnight, impeding their access to vote, open a bank account, enroll in university, access national health insurance, or register their children as Dominican citizens.

Law 169-14, passed on May 23, 2014 after overwhelming local and international backlash against Judgment 168-13, promised to solve the problem of denationalized Dominicans of Haitian descent. It restored Dominican citizenship to those who were registered as Dominican citizens prior to the 2013 judgment (Group A) and offered the choice of a path to naturalized citizenship after two years for those who were not (Group B), requiring the latter group to self-identify as foreigners in their own country.

Now, five years after Law 169-14 promised them restored citizenship, many Dominicans of Haitian descent continue to live as outsiders in their own country.

Group A still remains in legal limbo, as detailed in our 2017 report with CEDESO and AJWS  Dreams Deferred: The Struggle of Dominicans of Haitian Descent to get their Nationality Back,” having their birth certificates “transcribed” to a book that marks them as a separate class of Dominican citizens. Although the government has reported that some people in Group B have received cédulas (identity cards), according to civil society, these cards specify that these individuals cannot vote, effectively granting residency status rather than validation of their Dominican citizenship. There has been no clear recognition of the unqualified right to Dominican nationality of these two groups, and the problem persists for their children. Both groups continue to face racism, xenophobia, and harassment from Dominican officials due to their Haitian background.

Despite continuous efforts by civil society to demand the Dominican government to resolve this situation, hope for change remains bleak.

Working group meetings with both the Dominican government and civil society, and facilitated by the Inter-American Commission on Human Rights, ended in November 2018 without a clear plan for follow-up or implementation of any agreements from the meeting. That same week, Dominicanos por Derecho, the Center for Justice and International Law (CEJIL), the Americas Network on Nationality and Statelessness (Red ANA), and Robert F. Kennedy Human Rights’ launch of the manual “Asserting the Right to Nationality without Discrimination and Combating Statelessness in the Dominican Republic” in Santo Domingo was interrupted and eventually called off due to protests from nationalists who support the government’s current nationality policies.

In April of this year, the Inter-American Court of Human Rights issued a resolution stating that the Dominican State had not complied with reparations it ordered in two landmark cases affirming the right to nationality of Dominicans of Haitian descent. In response, the Dominican government reiterated support for its policies, claiming that they did not lead to statelessness, and argued the Court’s resolution violated its national sovereignty, putting the Dominican Republic’s continued respect for the Inter-American system’s human rights mechanisms in doubt.

Five years after Law 169-14 promised restored Dominican nationality to denationalized Dominicans of Haitian descent, the international community must ensure that the Dominican government is held accountable for its ongoing violations of human rights and call for it to respect of the right to nationality of every Dominican.  

As anti-migrant sentiment and actions increase globally, the Dominican Republic is a concerning example that must be heeded. States are the vehicles through which we exercise our political and civil rights; the right to nationality is the precursor to exercising many other fundamental human rights.

Without it, the world’s citizens are doubly defenseless.

Again, imagine if this were the current reality for children of foreign descent born in the United States.

Imagine if it happened to you.

Cinco años después: nada más que promesas rotas.

Imagine Usted que hoy Estados Unidos decidiera repentinamente que a los niños y ninãs nacidos en el país de padres extranjeros no se les otorgue automáticamente la ciudadanía estadounidense. Si eso ocurriera, aproximadamente uno de cada diez niños nacidos en  Estados Unidos podría nacer sin una nacionalidad.

Ahora imagínese usted si esa decisión se aplicara  de manera retroactiva, afectando a los niños y niñas nacidos desde 1929.

En 2013, la más alta corte de República Dominicana despojó a cientos de miles de personas nacidas en el país de su ciudadanía dominicana. La decisión se extendió por casi un siglo hacia atrás, dejando a generaciones de personas, la gran mayoría de ellas dominicanas de ascendencia haitiana, apátridas o en riesgo de apatridia. La decisión fue la culminación de una serie de leyes, sentencias, políticas y prácticas xenófobas y discriminatorias dirigidas a frenar la migración haitiana a través de la frontera.

Después de la sentencia, los documentos de identidad dominicanos de las víctimas se invalidaron o se volvieron inaceptables de la noche a la mañana, impidiendo su accesoa votar, abrir una cuenta bancaria, inscribirse en la universidad, acceder al seguro de salud nacional o registrar a sus propios hijos e hijas como nacionales dominicanos.

La Ley 169-14, emitida el 23 de mayo de 2014 en respuesta a la reacción negativa local e internacional,prometió resolver este problema de desnacionalización de personas dominicanas de ascendencia haitiana. La Ley restauró la ciudadanía dominicana a aquellos que se registraron como ciudadanos dominicanos antes de la sentencia de 2013 (Grupo A) y ofreció la opción de un camino a la ciudadanía por naturalización al cabo de dos años para aquellos que no estaban  registrados (Grupo B), lo que obligó a este último grupo a auto-reportarse como extranjeros en su propio país.

Ahora, tras cinco años de la adopción de una ley que les prometiera la restauración de su ciudadanía, muchos dominicanos y dominicanas de ascendencia haitiana continúan viviendo como personas extrañas en su propio país.

El Grupo A aún permanece en un limbo legal, como se detalla en nuestro informe Sueños postergados: La lucha de las personas dominicanas de ascendencia haitiana por recuperar su nacionalidad de 2017 publicado conjuntamente con CEDESO y AJWS. Miembros del llamado Grupo A han visto  sus actas de nacimiento "transcritas" a un libro que los marca como una clase separada de ciudadanos dominicanos. Aunque el gobierno ha informado que algunas personas en el Grupo B han recibido cédulas de identidad, según la sociedad civil, estas tarjetas especifican que estas personas no pueden votar, otorgando efectivamente el estado de residente en lugar de la validación de su ciudadanía dominicana. No se ha reconocido claramente el derecho incondicional a la nacionalidad dominicana de estos dos grupos, y el problema persiste para sus hijos e hijas.

Pese a los esfuerzos sostenidos de la sociedad civil de exigirle al Estado dominicano que resuelva esta situación, los prospectos de un cambio son desalentadores.

En abril de este año, la Corte Interamericana de Derechos Humanos emitió una resolución en la que declaró que el Estado dominicano no había cumplido con las reparaciones que la Corte ordenó en dos casos históricos que afirmaban el derecho a la nacionalidad de las y los dominicanos de ascendencia haitiana. En respuesta, el Estado  reiteró su apoyo a sus propias políticas, alegando que no conducían a la apatridia, y argumentó que la resolución de la Corte violaba su soberanía nacional, poniendo en duda el respeto continuado de República Dominicana por los mecanismos de derechos humanos del sistema interamericano.

Las mesas de trabajo entre el Estado dominicano y la sociedad civil y facilitadas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, finalizaron en noviembre de 2018 sin un plan claro para el seguimiento o la implementación de los acuerdos de la reunión. Esa misma semana, el lanzamiento del manual de Dominicanos por Derecho, el Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (CEJIL), la Red de las Américas sobre Nacionalidad y Apatridia (Red ANA) y Robert F. Kennedy Human Rights, titulado “Asegurando el derecho a la nacionalidad sin discriminación y combatiendo la apatridia en República Dominicana” en Santo Domingo, fue interrumpido y, finalmente, suspendido debido a las protestas de nacionalistas que apoyan las actuales políticas del Estado en materia  de nacionalidad.

Cinco años después de que la Ley 169-14 prometiera la restauración de la nacionalidad dominicana a los dominicanos y dominicanas de ascendencia haitiana desnacionalizados, la comunidad internacional debe asegurar que el Estado dominicano rinda cuentas por sus continuas violaciones a los derechos humanos y llamarle a que respete el derecho a la nacionalidad de cada dominicano y dominicana.

A medida que el sentimiento y las acciones anti-migrantes aumentan a nivel mundial,  República Dominicana es un ejemplo preocupante que debe tenerse en cuenta. Los Estados son los vehículos a través de los cuales ejercemos nuestros derechos políticos y civiles; el derecho a la nacionalidad es el precursor del ejercicio de muchos otros derechos humanos fundamentales.

Sin la nacionalidad, los ciudadanos del mundo están doblemente indefensos.

Nuevamente, imagine Usted si ésta fuera la realidad actual de los niños y ninãs de ascendencia extranjera nacidos en los Estados Unidos.

Imagine si esto le pasara a usted.