3.25.2020
RFK Human Rights joins urgent call to release political prisoners in Venezuela

COVID-19 poses a particular threat to the Venezuelan people, who already suffer from deplorable humanitarian conditions. Venezuela’s overcrowded prisons and detention centers are particularly vulnerable to the virus. Our partner Foro Penal estimates that there are 326 political prisoners among the detainees. Like all inmates, they are being held in unsanitary conditions without access to medical care, and, if infected, face an especially grim scenario. Robert F. Kennedy Human Rights joins Foro Penal in calling for the Nicolás Maduro regime to immediately release its political prisoners and address unsanitary conditions in prisons and detention centers.

[Washington, D.C., March 25, 2020] As countries around the world race to combat COVID-19, prisoners everywhere are among the most vulnerable to the disease. But with 70 confirmed cases in the country so far, Venezuela offers a particularly grim picture of what could unfold: most hospitals have no soap, running water, or air conditioning—let alone ventilators—and suffer from frequent electricity cuts. Many health professionals have been forced to flee the country over the past few years; of those left, most have long since run out of basic supplies, including masks and gloves. With a fragile health care system already teetering on collapse, Venezuelans face a catastrophic scenario as the virus spreads—and the prison population can expect the worst. Detainees live in badly overcrowded cells with no functional electricity, little to no access to medical treatment, and neither running water nor toilets. Many rely on family members just to bring them food—and, with the quarantine in effect and visits suspended for most prisons, relatively few can now count on even this support. 

“When COVID-19 hits the prison population in Venezuela, incarceration will amount to an urgent matter of life and death,” said Kerry Kennedy, president of Robert F. Kennedy Human Rights. “It is imperative that all political prisoners be immediately released.” 

The number of political prisoners in Venezuela has ballooned since mass civil unrest began in 2014, and currently stands at 326, per Foro Penal’s latest tally. The Maduro regime’s preference for imprisoning people it deems political threats, or people of whom it wishes to make an example, is especially worrying in light of COVID-19.

As the number of confirmed cases in Venezuela rose to 70 (the actual number of cases is likely far higher), Nicolás Maduro ordered all citizens to wear face masks in public, ordered businesses to close, and limited public gatherings. Venezuelan authorities, however, have not yet defined any prevention protocols for their prisons and detention centers. In the face of COVID-19, Maduro should make the obvious decision to free political prisoners. That is what the state’s international human rights obligations demand, and it will also slow the spread of the virus in Venezuela.

RFK Human Rights se une al llamado urgente de liberar a los presos políticos en Venezuela

COVID-19 representa una amenaza particular para la población carcelaria venezolana, que ya sufre condiciones humanitarias deplorables. Las cárceles y centros de detención superpoblados de Venezuela son particularmente vulnerables al virus. Foro Penal ha contabilizado que hay 326 presos políticos entre los detenidos. Al igual que todas las personas privadas de libertad, los presos políticos están recluidos en condiciones insalubres sin acceso a atención médica y, si están infectados, enfrentan un escenario especialmente sombrío. Robert F. Kennedy Human Rights se une a Foro Penal en urgir al régimen de Nicolás Maduro que libere de inmediato a sus presos políticos y tome medidas para cambiar las condiciones insalubres en las cárceles y centros de detención.

[Washington, D.C., March 25, 2020] Mientras alrededor del mundo los países están combatiendo el COVID-19, las personas privadas de libertad se encuentran entre las poblaciones más vulnerables al virus. Pero con 70 casos de COVID-19 ya confirmados en el país, Venezuela ofrece una imagen particularmente sombría de lo que se viene: la mayoría de los hospitales no tienen jabón, ni agua corriente o aire acondicionado, y mucho menos respiradores, y sufren frecuentes cortes de electricidad. Muchos profesionales de salud se han visto obligados a huir del país en los últimos años; de los que quedan, la mayoría se ha quedado sin suministros básicos, incluidas máscaras y guantes. Con un sistema de salud frágil que ya se enfrenta al colapso, las y los venezolanos enfrentan un escenario catastrófico mientras el virus se propaga, y la población carcelaria puede esperar lo peor. Los detenidos viven en celdas superpobladas, sin electricidad, con poco o ningún acceso a tratamiento médico y sin agua corriente ni baños. Muchos dependen de sus familiares para provisionar alimentos, y, con la cuarentena en efecto y las visitas suspendidas en la mayoría de las cárceles, este apoyo se ha visto aún más limitado. 

“Cuando COVID-19 alcance a la población carcelaria en Venezuela, la privación de libertad será un asunto urgente de vida o muerte”, dijo Kerry Kennedy, presidenta de Robert F. Kennedy Human Rights. “Es imperativo que todos los presos políticos sean puestos en libertad de inmediato”. 

El número de presos políticos en Venezuela se ha inflado desde que comenzaron las protestas masivas en 2014, y actualmente se estima que hay 326 presos políticos, según el recuento más actualizado de Foro Penal. La preferencia del régimen de Maduro por privar de libertad a las personas que se considera amenazas políticas, o las personas que quiere usar de ejemplo para amedrentar, es especialmente preocupante a la luz del COVID-19.

Mientras el número de casos confirmados en Venezuela aumentó a 70 (el número real de casos es probablemente mucho mayor), Nicolás Maduro ordenó a todos los ciudadanos que usaran máscaras faciales en público, ordenó el cierre de negocios y limitó las reuniones públicas. Sin embargo, las autoridades venezolanas aún no han delineado ningún protocolo de prevención para sus cárceles y centros de detención. Ante el COVID-19, Maduro debería tomar la decisión obvia de liberar a los presos políticos. No solo así lo exige las obligaciones internacionales de derechos humanos, sino que ayudaría a ralentizar la propagación del virus en Venezuela.